Sábado general.
No hay motivo alguno para pensar que la huelga de ayer pasará a la historia por su extraordinario poder de convocatoria, ni por que haya tenido un exceso de piquetes violentos ni siquiera lo hará por su efecto en el cumplimiento de lo que se demandaba. La resaca de la huelga general es como un lunes después de un sábado, al fin y al cabo, no hubo especiales impedimentos para conseguir hacer vida normal, y hoy todo sigue (y parece que seguirá) igual en toda España.
Como datos exactos, el consumo eléctrico descendió un 17’8% con respecto al pasado miércoles, es decir, un consumo equivalente al de cualquier sábado. Los servicios mínimos en transporte se cumplieron, no hubo un colapso excesivo y los periódicos tuvieron edición (con menos páginas).
Consecuencias de una huelga hecha mal, y tarde.
Para cualquiera que haya podido intercambiar impresiones con más de 10 ó 12 empleados antes, durante o después de la huelga, las cifras del 70% de seguimiento que dan los sindicatos, se antojan algo exageradas. La pregunta del millón el día antes de la huelga, el célebre “¿Mañana vas a trabajar?’’ tenía respuestas muy del tipo “si me dejan…”; y es que la mayoría de la gente tiene claro que, de tener efecto, la habría tenido antes de aprobar la reforma laboral, y no después, y con un "El Gobierno por supuesto, va a mantener la reforma y mucho más una vez que está aprobada por el Parlamento" previo por parte del mismísimo Presidente del Gobierno.
Cuando cientos de miles de trabajadores perdieron su empleo y se maltrató hasta el límite la situación de los autónomos, la falta de respuesta de los sindicatos, hizo que se perdieran apoyos para una posible huelga, y eso se ha notado cuando ha llegado la misma. En la concentración de Cibeles de los sindicales madrileños, la plaza no se llenó más que en una victoria del Real Madrid o la caravana del orgullo gay.
Otras huelgas.
El ‘Caso Malaya’ se paró, concediendo un día más de libertad a más de un ‘presunto’ que se tuviera que citar en él, aunque oficialmente, sólo 39 de los 457 funcionarios del Consejo General del Poder Judicial secundaron la huelga, y 50 de los 358 de la Audiencia Nacional.
El equipo madrileño de la segunda división española, el Rayo Vallecano, no entrenó por petición expresa de un piquete, siendo el único equipo de fútbol español que se paró. Sin ir más lejos, el Valencia jugó su partido de Champions sin mayor problema que el resultado adverso que cosecharon (algún chascarrillo decía que había más de un valencianista de huelga en el campo).
En los parques, tampoco fructificó la huelga de los abuelos que pedían los sindicatos
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